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Pepa Valenzuela


24 años

E-mail: pepa_valenzuela@yahoo.es

Sombras negras

Track 87: Island in the sun, Weezer

La Cata está sentada en calzones y sostenes en el living de la cabaña convertida en una jaiba tamaño real. Primer día de playa y ya está insolada. Poniéndose cada cinco minutos una mezcla de gel de aloe vera y una crema que te humecta hasta los huesos. Yo le tomo fotos y le digo que la promocionaré por internet como la Pancora Cariñosa y que me haré millonaria a costa de su exhibicionismo. La Cata me levanta el dedo del medio y dice que no entiende cómo cresta fue a quedar así de fucsia. Yo sí comprendo: como nos escapamos sólo un finde para relajarnos y pensar en la mejor forma de decirle a mamá que me mando a cambiar, la Cata aplicó un plan de bronceado en winzip. Instalada sobre su toalla, se embetunó de aceite y comenzó a freírse durante tres horas, igual que la Andy, nuestra tercera yunta del colegio que también vino a este veraneo express. Pero la Andy es morena y no tuvo atados. Pero la Cata sí: blanca Omo, ahora la pobre con suerte puede sentarse. Gracias a Dios pudo con la ropa interior. Suficiente espectáculo con verla circular con las presas en lencería calipso. La cosa es que ahora estamos las tres sentadas en la cabaña, en medio de cremas y piscolas, dirimiendo sobre la mejor forma de decirle a mi vieja que yo, su única hija, pesca sus pilchas y se va. Desde acá podemos escuchar a los surfistas vecinos escuchando en una isla en el sol, estaremos jugando y pasándolo bien, y me hace sentir tan bien, que no puedo controlar mi mente.

Hace siete años, la Cata, la Andy y yo estábamos igual. Con la radio a todo chancho en la terraza mientras nos achicharrábamos al sol. En esa época nos parecíamos más. Las tres teníamos ganas de saber si sobreviviríamos a la U, al cáncer de piel y a los veranos familiares, pero lo demás no nos preocupaba demasiado. Las tres nos vestíamos con jeans y poleras ajustadas y bajábamos a mirar el mar cuando ya no había sol. Pero ahora las diferencias se notan, aunque sólo sean exageraciones de pequeñas manías que siempre tuvimos. La Cata es la comandante de las cosas “pan, pan, vino, vino”. Es cierto que siempre tuvo carácter, pero ahora es una generala. Apenas llegamos, dio órdenes para sacar las protecciones de las ventanas, hacer las camas, barrer y limpiar. Con la mano metida en el WC, estrujó todo con cloro. “Para que pongas tu traste en un lugar limpio”, me dijo después. La Andy está hecha una ejecutiva adicta a restaurantes y chicos que le paguen la cuenta cuando la invitan a salir. El ítem monetario para ella era un decreto en nuestra etapa escolar, pero ahora es una ley. Por eso, hoy, mientras hablaba con su pinche por celular, le dijo que sería una total gentileza de su parte que nos fuera a dejar a las tres de regreso a casa. El chico aceptó. Si no, mi amiga lo hubiera mandado a la punta del cerro.

Y bueno, yo, supongo que estoy cada días más jipi o pegada en la adolescencia. Y por eso, partir de mi casa fue una decisión de tomé para crecer por la razón o la fuerza. Pero el asunto es que ahí estamos las menos mismas de antes. Descansando de lo lindo porque decidimos ninguna quiso bajar al pueblo. Reposando la panzada de tallarines con salsa Andy que nos dimos. Escuchando todavía cuando estás de vacaciones, no encuentras las palabras adecuadas para pronunciar. Apostando para que gane la misma bailarina en el programa buscatalentos y cerrando los ojos a la tercera piscola. Eso es lo bueno de haber crecido juntas: a pesar de que el tiempo nos ha convertido en mujeres en direcciones opuestas, siempre podremos convivir en paz. Ya nos conocemos las distintas mañas y las aprendimos a tolerar desde que eran semillas. Por eso podemos aconsejarnos a la medida de la otra, sin juicios, pero también sin omisiones. Por eso, la Andy me dice que mi apuesta es una locura. Y la Cata me aconseja que compre y meta mi plata en no sé qué huifas bancarias para que me dé intereses. Las dos, casi al unísono me explican que tengo que decírselo a mi vieja de una, sin anestesia, porque igual será doloroso, pero más rápido. Entonces levantan sus vasos para hacer un brindis por mi futuro DFL2. Y por estar juntas en este mismo lugar.

Y a tantas leguas de nuestro pasado.

 

LOS RICOS TAMBIÉN LLORAN
El último adiós
Vasos vacíos
Volver al futuro
Papa was the king of Congo
Aprendiendo español
Me dicen el clandestino
Larga distancia
Vine a decirles que me voy
Orden de despegue
Lentejas y ostras
Futuro en conserva
La tregua
Girl power
Yo veo

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